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Breve repaso de la historia de la jardinería y de por qué nos debe interesar
17 de Septiembre de 2009
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Hace aproximadamente 11.000 años descubrimos que podíamos domesticar el medio ambiente para conseguir que en lugar de ir a recolectar bayas en el bosque pudiésemos  plantar trigo delante de nuestras primeras modestas cuevas arregladas con los elementos de diseño al uso, como palos, arcilla y piedras. Pero perdimos en el camino algo importante, si bien ganamos en comodidad, perdimos la visión del espacio natural que nos había acompañado desde que hace más de 3 millones de años nuestra amiga Lucy empezó a caminar por las selvas húmedas de lo que ahora llamamos Etiopía (Lucy pertenecía a los primeros Australopithecus afarensis).

Para nuestra creciente capacidad craneal había algo que era fácil hacer para sentirnos como siempre: si ya no hacía falta salir para ver, podíamos traer cerca de la cueva y ver. Nuestro incipiente ego estaba servido. Bueno, aquí seguramente se inició la jardinería, cuando todo empezó a ser distinto y nos faltaba tener más cerca lo que habíamos perdido (de hecho se sabe que el arte apareció mucho antes que la agricultura, hace nada menos que 80.000 años los humanos ya se adornaban con collares, y hace 30.000 años se empezaron a decorar las paredes de las cuevas con pinturas rupestres) así que la jardinería debió aparecer en algún momento entre hace 80.000 y hace 11.000 años, aunque no se pueda documentar puesto que la jardinería, a estas escalas de tiempo es eminentemente efímera.

Los primeros jardines documentados datan de hace casi 4.000 años, y están representados en las pinturas de tumbas egipcias. Pero no hace falta ser un experto egiptólogo, ni antropólogo, ni psicólogo para entender que desde que nos alejamos de la naturaleza, llevar un poquito de naturaleza a casa, y encima dominarla, hasta el punto de que la vida del pobre geranio dependa de nosotros, nos da mucho poder y mucho placer, y que culturas tan desarrolladas como los egipcios o los mesopotámicos gozaban de este dominio. Se dice que el primer jardín colgante fue el de Babilonia en el 605 a.C., y ahora también la nueva arquitectura está incorporando en sus proyectos jardines colgantes.

Y aquí empieza todo: con el placer de dominar la naturaleza y llevarla a casa. A lo largo de la historia vinieron épocas de esplendor, donde se fueron configurando las distintas tipologías de jardines: los jardines romanos han dejado las primeras muestras visibles en sus ruinas, no sólo en representaciones gráficas, tratándose de zonas delimitadas y con una funcionalidad clara, el jardín era símbolo de riqueza en los palacios y casas de los más poderosos. Los árabes dominaron el agua. A través del desarrollo de su amplia cultura en zonas de escasa pluviometría, llegaron a controlar el agua tanto como la vegetación; la imaginación y la oportunidad siempre han nacido, y siguen surgiendo, de la necesidad. Después vinieron los jardines medievales: en los monasterios medievales el jardín era como la cocina de El Bulli, donde se experimentaba con cualquier planta comestible, y estos conocimientos han contribuido al desarrollo de la gastronomía e incluso de la medicina. Más tarde se construyeron jardines que aún se pueden visitar, como los del renacimiento italiano con sus palacios ajardinados o los complejos jardines de los castillos franceses, ambos con un perfeccionamiento de las técnicas de control de las plantas a las que no sólo se confinaba a un espacio recortado sino que a las pobres se las recortaba también para que fueran más como nosotros queríamos que fuesen,  sin dudar que el máximo exponente fue el arte topiario donde a las sufridas plantas se les daba sin ningún reparo aspecto de conejitos o de ardillas para deleite de las clases pudientes. Aunque si nos movemos un poco en otras culturas veremos que en Oriente las plantas también se han puesto al servicio de los humanos. Los Bonsais japoneses son un claro ejemplo de dominio sobre la naturaleza, de dominio técnico impresionante, por otra parte. El jardín ha sido sagrado en las culturas orientales, y actualmente el jardín occidental se nutre de los aspectos simbólicos de su homólogo oriental.

En el siglo XVIII llegó el jardín paisajista inglés, el gran jardín de césped y árboles que emulaba el paisaje natural, y que se extendió en las ciudades hasta bien entrado el siglo XX. Es el jardín que se democratizó y adaptó a los parques urbanos, a nuestros parques urbanos, y diría más, a nuestras segundas residencias, y que ahora nos ha hecho replantear la jardinería: es el jardín de la abundancia de agua y de recursos, el que hemos reproducido en todos los climas pese al clima y en todas las urbanizaciones que ahora están en decadencia.

También a finales de siglo XX llegó el jardín minimalista, que dio lugar a lo que en urbanismo conocemos vulgarmente como "plaza dura", que existió sin que nadie sepa por qué, seguramente más porque mientras tanto se perdieron los conocimientos sobre la naturaleza, y no hacía falta saber mucho sobre nada en estas épocas de bienestar y porque era un recurso fácil para nuestra cómoda existencia y la de nuestros gestores.

Pero en el siglo XXI resulta que han aparecido cosas nuevas, porque crecimos los de mi generación entre el mundo feliz de Disney y el de Huxley y esto nos ha marcado en la manera de ver las cosas y de pensar en el futuro: el CO2, la sostenibilidad, el medio ambiente (pero ahora ya en serio), y resulta que las plantas tenían un papel importante en esta nueva visión del mundo: ahora los excesos se pueden compensar con plantas, porque son capaces de inmovilizar el CO2 que hemos gastado sin pensar, haciendo cosas tan banales como colgar un cuadro en la pared, cocinar un pollo asado, coger el coche sin acompañantes o ir al supermercado con una bolsa de plástico. La jardinería de inicios del siglo XXI está adoptando las tecnologías existentes para convertirse no sólo en estética sino en racional: se aplican las técnicas de ingeniería del cultivo hidropónico, se utilizan sensores de clima, de agua y de nutrientes y se integra la jardinería en la arquitectura, como podemos ver en las cubiertas ecológicas o en los muros vegetales que devienen nuevos retos. La jardinería deja de estar ligada al suelo y al clima para estar complementando a la edificación, como por ejemplo nos muestra el muro vegetal de Patrick Blanc en el Caixaforum de Madrid.

Fuente: La vanguardia.es
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